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Opinión de Lectores:
El
Eje Fidel - Chávez y las Verdaderas Intenciones
Por: Juanita Leon*
| Bogotá
D.C., Junio de 2005
El eje Fidel Chávez y las verdaderas intenciones, Lo que
COLOMBIA no sabe ni sospecha. La
influencia de Cuba en Venezuela va mucho más lejos de lo que los colombianos
sospechan. Por Juanita León, enviada especial. Por Juanita León
Desde que Chávez apareció por televisión diciendo que "por
ahora" no se tomaría el poder, se tomó la imaginación
del pueblo venezolano. Hugo
Chávez dice que Fidel Castro es su hermano mayor. Pero en realidad el Presidente
venezolano es su sucesor; el heredero político que con el petróleo
mantiene viva la mecha de la revolución en América Latina.
Una
revolución que aunque diferente a la cubana porque es posguerra fría
y en un país petrolero, ha sustituido a las élites, aspira a cambiar
el modelo económico y tiene rasgos autoritarios. Una revolución
del siglo XXI. Como
Fidel, el venezolano es mesiánico, un pastor que derrota enemigos para
conducir a su rebaño hacia la tierra prometida. El líder cubano
siente que encarna a Martí. Chávez retoma los sueños de integración
latinoamericana de Bolívar. Con discursos casi tan largos como los del
ex guerrillero, promete refundar a Venezuela como se lo propuso Castro 40 años
atrás. Y la retórica antiyanqui -aunque Estado Unidos le compra
toda la gasolina y es de lejos su principal cliente petrolero- es cada vez más
marcada desde que dijo haber comprobado que Bush estaba detrás del golpe
del 11 de abril de 2002, cuando fue sustituido durante un día por el empresario
Pedro Carmona. "Chávez
aspira a ser su heredero político y apuesta a representar, adaptado a los
tiempos, el papel de pope de la izquierda, cuida su imagen en el continente, en
las reuniones presidenciales toma posiciones rebeldes, busca el aplauso popular,
quejándose de la ineficacia de los 'summits' latinoamericanos", escribe
el analista venezolano nacido en Cuba, Fausto Masó, en su libro Los amantes
del tango, un ensayo sobre Castro y Chávez. Chávez
y Fidel se conocieron en La Habana el 14 de diciembre de 1994. El presidente Rafael
Caldera acababa de invitar a Caracas a unos líderes del exilio cubano y
en desquite, Castro recibió en Cuba, como jefe de Estado, al teniente coronel
recién salido de la cárcel tras el fracasado golpe de 1992.
Después
de esa visita se mantuvieron en contacto y desde que fue elegido presidente en
1998, Chávez visita al cubano con frecuencia y manifiesta a viva voz su
admiración por él. Cuando Fidel cumplió 75 años, Chávez
celebró por todo lo alto su cumpleaños en Venezuela. Como símbolo
de su "compromiso con la lucha" le obsequió el fusil que portaba
a los 17 años y lo condecoró con la Orden de Angostura. "Para
que viva la Revolución Cubana tiene que vivir la Revolución Bolivariana",
dijo Fidel, agradecido. Tenía por qué estarlo. Desde 2000, Venezuela
le vende 53.000 barriles diarios de crudo a Cuba con una financiación muy
favorable ( dos años de gracia para amortizar el capital y 15 para pagar
los pagarés con un 2 por ciento de intereses) a cambio de bienes y servicios
cubanos a bajo costo, como médicos, entrenadores deportivos, asistencia
en el campo agrícola, educativo, turístico y tecnológico.
El subsidio petrolero venezolano significa tal sostén para la isla, que
cuando los cubanos ven el barco petrolero aproximándose al malecón
de La Habana comienzan a gritar emocionados: "Llegó el barco de Chávez".
Saben que en días circularán de nuevo los buses cada media hora,
en vez de cada cuatro, y que los racionamientos de luz se suspenderán por
un par de semanas. En
cambio, la llegada de miles de médicos cubanos y entrenadores deportivos
a Venezuela causó gran preocupación en el vecino país. Los
medios alertaron sobre el peligro de una "cubanización". Sucedió
lo contrario: hubo varias deserciones de médicos cubanos que optaron por
'venezolanizarse'. Hasta el momento -según la oposición- unos 100
médicos han abandonado el programa y escapado al control del gobierno cubano.
Lo
cierto es que en Venezuela nadie quiere emular a los cubanos. En una encuesta
nacional realizada por la firma de consultoría Datanálisis, ante
la pregunta de '¿cuál es su posición a que Venezuela tome
como ejemplo el régimen de Fidel Castro?', nueve de cada 10 personas dijeron
estar en contra o muy en contra. Chávez
ha dicho que el comunismo cubano no funcionaría en Venezuela. Su socialismo
del siglo XXI aspira a trascender el modelo capitalista. Pero quizá porque
con los recursos del petróleo -que cuando Chávez llegó estaba
a ocho dólares y ahora ronda los 58- alcanza a repartir a los pobres sin
quitarles a los ricos, el gobierno ha respetado la propiedad privada, salvo por
algunas expropiaciones a latifundistas y su vista gorda a ciertas invasiones de
fincas y edificios. Tampoco está interesado en desincentivar las inversiones
extranjeras, que ya de por sí han caído, según la Cepal.
La estatal petrolera ha reservado 10.000 millones de dólares para contratos
de explotación de pozos marginales, de extracción de crudo pesado
y de reservas de gas que irán a multinacionales de Estados Unidos.
"No
hay peligro de que acabemos con la propiedad privada", aclaró a SEMANA
el vicepresidente José Vicente Rangel . "El socialismo del presidente
Chávez concilia la función planificadora del Estado con el sector
privado". El
espíritu de Fidel se refleja es en la política. Chávez llegó
al poder en Venezuela encarnando al outsider, al provinciano de Barinas, hijo
de maestros pobres, de piel oscura y modales toscos, al don nadie que se enfrenta
contra un sistema bipartidista, derrotado y decadente, monopolizado por Copei
y Acción Democrática. Chávez,
símbolo de la antipolítica, es el representante de los excluidos.
Con Chávez los más pobres -los desharrapados- adquieren un verdadero
protagonismo político. Como los indígenas de Evo Morales en Bolivia,
los piqueteros en Argentina, los Sin Tierra de Brasil, se sienten con una participación
que jamás habían tenido en los destinos del país. Además
creen que Chávez, siendo uno de ellos, gobierna para ellos. Durante
sus primeros años, Chávez mantuvo a su electorado cautivo con un
carismático estilo de gobierno marcado por el contacto con el pueblo y
un discurso cargado de resentimiento contra el poder establecido. Pero con una
inflación superior al 27 por ciento en 2003, un creciente desempleo, el
bolívar devaluado y una economía que en 2002 cayó 8,9 por
ciento y en 2003, 7,6 por ciento, Chávez seguramente habría perdido
el poder si no fuera por la asesoría de Fidel. Las
misiones de Fidel En
su momento más crítico, Fidel le dio el consejo que necesitaba:
las misiones. Así lo narró el mismo Presidente en un taller de planeación
estratégica con sus alcaldes y gobernadores chavistas, recién elegidos
en noviembre de 2004: "Un encuestador internacional vino a mitad de 2003
(...) fueron a Palacio y me dieron la noticia bomba: 'Presidente, si el referéndum
fuera ahorita usted lo perdería'(...) Entonces fue cuando empezamos a trabajar
con las misiones, diseñamos aquí la primera y empecé a pedirle
apoyo a Fidel. Le dije: 'Mira, tengo esta idea, atacar por debajo con toda la
fuerza', y me dijo: 'Si algo yo sé es de eso, cuenta con todo mi apoyo'.
Y empezaron a llegar los médicos por centenares, un puente aéreo,
(...) y a buscar recursos, aquí la economía mejoró, organizar
los barrios, las comunidades (...) y entonces empezamos a remontar en las encuestas
y las encuestas no fallan (...) No hay magia aquí, es política (...)",
dice la trascripción. Las
misiones y una miope campaña de la oposición, que no logró
articular un mensaje alternativo ni un liderazgo claro, salvo para el nefasto
paro que quebró al país, garantizaron el triunfo de Chávez
en el referéndum revocatorio y su permanencia en Miraflores durante dos
años más. Nadie duda de que también arrasará en 2006.
Las
misiones, financiadas por los ingresos superavitarios de la petrolera Pdvsa -que
está ganando 10 dólares diarios por barril por encima del presupuesto-
son programas de subsidios a los más pobres para garantizar su acceso a
vivienda, salud, nutrición, alfabetización y proyectos productivos.
Proporcionalmente al aumento del gasto social -que pasó de menos de 40
millones a 1.700 millones de dólares en 2004- ha crecido el amor por Chávez
en los barrios populares. Es fervor puro. El
barrio El Cementerio, en el sur de Caracas, está construido sobre la ladera
de una montaña. La mayoría de las casas son de material, pero los
techos tienen goteras y a las paredes les hace falta el pañete. Varios
son inquilinatos y seis casas fueron arrasadas por las inundaciones de febrero.
La pobreza es patente. Aun así, los habitantes de El Cementerio están
dedicados de tiempo completo a la Revolución Bolivariana. León
Oswaldo Fonseca, el coordinador zonal del Movimiento Quinta República,
el partido de Chávez, es el líder de la Unidad de Batalla Electoral
(UBE), el nuevo nombre de los Círculos Bolivarianos. Y como tal, trabajó
sin descanso antes del referéndum convenciendo a sus vecinos de salir a
votar por Chávez. "Se consiguieron muchos votos", dijo. Cuando
le pregunté por la votación de la oposición, contestó
que fue nula. "Los sacamos a piedra", agregó Xiomara Ñañez,
miembro del comité de agua, que decide los recorridos de las cisternas.
"Aquí la oligarquía no puede entrar. En cambio, si el Presidente
me ordena que vaya gateando, yo voy". En
la reciente Cumbre de Guyana quedó demostrado el liderazgo continental
del Presidente venezolano. El presidente Uribe salió derrotado 3 a 1 en
casi todas las proposiciones, incluida una que declaraba el hambre como una de
las razones del terrorismo Desde
que asumió la presidencia, Chávez emprendió una agresiva
política de precios para subir el costo del petróleo. Abandonó
la práctica de violar las cuotas de la Opep y se alió con productores
independientes como México y Noruega. Recibió el petróleo
a 7 dólares y ahora roza los 58 dólares. El
ejemplo de Ñañez es revelador. Había perdido la vista de
joven y Chávez se la devolvió. A través del comité
de salud del barrio salió elegida para viajar a Cuba. Allí fue sometida
a tres operaciones -gratis- y ahora, después de muchos años, siente
que volvió a nacer. "Chávez es lo mejor que Dios nos ha mandado".
En este barrio la gente habla del Presidente como si fuera el mismo Mesías.
Algunas familias, incluso, tienen altares con su foto. En
la casa de alimentación de El Cementerio unas mujeres preparan con las
raciones distribuidas diariamente por el gobierno el almuerzo y la cena para las
150 personas más necesitadas del sector, según el censo elaborado
por los controladores sociales, quienes también fueron entrenados en Cuba.
Los demás pueden comprar a bajo costo en los supermercados estatales Mercal,
donde se vende la canasta familiar a la mitad de precio gracias a que el gobierno
eliminó a los intermediarios. Hay más. La mitad del barrio está
estudiando y recibiendo un pago por ello. Fonseca y su mujer están en la
Misión Robinson en cuarto de primaria. Él, que ronda los 40 años,
abandonó la escuela de chico porque su familia no tenía dinero y
se dedicó a cargarle los talegos a la gente en Barquisimeto. "Sólo
ahora le agarré estímulo al estudio, dice. La historia de Venezuela
que nos enseñan es la verdadera historia de Venezuela". Fonseca ha
aprendido, por ejemplo, que la oligarquía de su país traicionó
al Libertador Bolívar. Estas
misiones han logrado incorporar a dos millones de venezolanos y aspiran a cubrir
a otros siete millones. Por eso la ONU declarará a Venezuela territorio
libre de analfabetismo en 2005. Sin embargo, las misiones tienen problemas. De
los 27 alumnos que empezaron clases con Tania Bandrix, la facilitadora de la Misión
Ribas en El Cementario, desertaron 10 en un año. Muchos van a cobrar los
160.000 bolívares (75 dólares) de bonificación y luego no
van a clase. Lo mismo sucede con la Misión Vuelvan Caras: a la gente le
interesa más el subsidio que la capacitación. La misión más
exitosa es la de Barrio Adentro con los médicos cubanos, que funciona como
una consulta familiar en cada barrio. "Con Chávez ganamos por 'nocaut",
me dijo una joven que esperaba en el consultorio de El Cementerio un control de
embarazo. Otras mujeres llevaban a sus niños con gripa y salían
agradecidas con la droga gratis. Los
críticos de las misiones dicen que desinstitucionalizan al no depender
del ministerio del ramo sino de Pdvsa o del gobierno cubano, en el caso de las
misiones médicas; que son un despilfarro de los ingresos petroleros pues
no ayudan a superar de manera estructural la pobreza; que las campañas
de alfabetización son estrategias soterradas de adoctrinamiento para reescribir
la historia nacional, que sólo sirven para conseguir votos, etc. Todo eso
puede ser verdad. Pero Chávez cree que la forma de erradicar la pobreza
no es ejecutando programas diseñados por tecnócratas sino dándoles
poder a los más necesitados, y las misiones empoderan a los pobres. Y mientras
más poder tienen ellos, más tiene Chávez. Con su gobierno
apuntalado en las misiones en el país, y en el exterior en una política
que apunta a la integración suramericana a partir del uso estratégico
del petróleo, Chávez ha ganado el tiempo y la legitimidad internacional
para consolidar su revolución. La
diplomacia internacional de Hugo Chávez siempre ha dado qué hablar.
Su visita a Saddam Hussein, cuando ya formaba parte del 'Eje del Mal', provocó
a Estados Unidos. Y su saludo a Vladimir Putin, presidente ruso, con un saludo
de karateca, dio la vuelta al mundo Durante
los primeros cinco años acabó de facto con la separación
de poderes. En la política venezolana sólo juega su Movimiento V
República: sustituyó el Congreso bicameral por una Asamblea Nacional
en la que las decisiones se toman por mayoría simple y el chavismo tiene
absoluta mayoría. El fiscal es el ex vicepresidente de Chávez y
tras ampliar el número de magistrados del Tribunal Supremo, el sistema
judicial terminó plenamente al servicio de la 'revolución'. Esta
especie de "apartheid' político" -como lo denomina Teodoro Petkoff,
director del diario Tal Cual- ya ha cosechado varios casos de persecución
judicial contra enemigos políticos del régimen. Al abogado Tulio
Álvarez lo condenaron por difamación por denunciar el robo de fondos
de la caja de ahorro de la Asamblea Nacional durante la gestión del senador
William Lara; lo mismo le sucedió al locutor Napoleón Bravo por
"instigación al odio" contra el nieto del vicepresidente. El
chavismo también controla el poder electoral y la Contraloría. "No
hay poderes de contrapeso", dice la analista Elsa Cardoso. En
estos años, Chávez no sólo ha concentrado el poder sino que
también ha sustituido por completo la élite política. "Los
viejos partidos quedaron pulverizados", dijo Nicolás Maduro, presidente
de la Asamblea Nacional. Maduro es un digno representante del nuevo poder: era
un chofer de metro y fue ascendiendo en el movimiento sindical hasta alcanzar
el máximo cargo del Legislativo. "Toda
la gente es diferente ahora, explica la politóloga Ana María San
Juan. Los nuevos políticos provienen del movimiento social; otros, de las
Fuerzas Armadas y los más jóvenes, de la izquierda radical".
Los
partidos tradicionales Acción Democrática y Copei habían
entrado en una crisis profunda desde los años 80, y en gran parte gracias
a ello salió elegido Chávez, quien les dio un entierro de tercera.
Sin
embargo, como el mismo Chávez lo admitió en la reunión con
los gobernadores, si bien han cambiado las personas, no han cambiado las prácticas.
Venezuela
sigue siendo un petroestado, y cada vez más pues las inseguridad que Chávez
le ha metido al sistema económico, unida al paro petrolero de tres meses
liderado irresponsablemente por la oposición en diciembre de 2002 han debilitado
por completo la empresa privada. Sigue siendo una sociedad rentista que vive -cada
vez más- de las dádivas del Estado. Y les ha devuelto el poder a
los militares, quienes salvo por los últimos 40 años de democracia,
gobernaron el país. "Lo nuevo en Venezuela es la democracia. Lo viejo
es la autocracia", dijo Ramón J. Velásquez, ex presidente de
Venezuela y uno de los mejores historiadores del país. Unos
60 militares ocupan altos cargos de poder. Además del Presidente, más
de la mitad de los gobernadores son militares, la mayoría de embajadores
-incluido el de Colombia- y varios de los ministros. Aunque varios ya están
retirados, operan bajo una lógica de obediencia debida, y los espacios
de disenso en la esfera pública se han ido cerrando. La oposición
es vista y tratada como un enemigo y la política, como una guerra. "No
es suficiente para nada destruir el viejo régimen en los hechos. No es
suficiente que tengamos 21 gobernadores de 23 y la alcaldía mayor y la
mayoría de las alcaldías del país. Cualquiera pudiera decir
ganamos, ¡gloria! No, para nada. Apenas somos un ejército desplegado
en batalla (...) La nueva batalla profunda está comenzando, el enemigo
está intacto", dijo Chávez a los gobernadores. Esa
percepción de la oposición como enemigo ha llevado a que, por ejemplo,
todos aquellos que firmaron a favor del referendo sean tratados como parias. Desde
que el congresista Luis Tascón publicó las listas del Consejo Electoral
en Internet, los que firmaron a favor de la revocatoria de Chávez comenzaron
a encontrar trabas para comprar dólares, renovar su cédula, sacar
pasaporte, obtener un puesto en el Estado o hacer negocios con el gobierno. La
discriminación llegó a tal punto que las empresas tuvieron que reemplazar
sus juntas directivas con gente de fachada que no hubiera firmado. El vicepresidente
Rangel reconoció que esta situación estaba mal. "Si queremos
reconciliar a la sociedad no podemos usar ese recurso", dijo a SEMANA.
El
problema es que la intención de reconciliar a los venezolanos no es muy
clara. Es cierto que después del referendo la polarización ha cedido
y que muchos en la oposición se han resignado. Los medios de comunicación
de la oposición -beligerantes en contra de Chávez- les han bajado
el tono a sus editoriales después de la reciente expedición de la
Ley Resorte, que penaliza con varios años de cárcel difamar al Presidente,
incluso en privado. Pero el odio social está ahí. Chávez
lo instiga en sus discursos con frases como "el que tenga un latifundio es
como el que tenga un carro robado", y la gente lo repite en la calle y en
los cientos de emisoras chavistas que ahora proliferan en el país. Venezuela
es una nación resquebrajada. "Todos tenemos una marca en la frente:
revolucionarios o escuálidos", dice Rafael Osío, un periodista
que, como muchos otros profesionales, está deprimido con el resentimiento
que percibe a su alrededor. "Ya no puedes apostarle tu vida a este país.
Lo que construyas te lo pueden quitar". En
la Esquina Caliente, una de las más céntricas y revolucionarias
de Caracas, dos hermanas compran un calendario de Chávez y una boina como
las que él utiliza. "Somos las mujeres del Presidente", dicen,
riéndose. Y denuncian los intentos de la gente del este, "los oligarcas",
por sabotear la revolución. Arquímedes Franco, líder de la
Fuerza Motorizada Bolivariana, va más allá. Cuenta que muchos de
los 1.800 mototaxistas de Caracas forman parte de la red de inteligencia popular,
que desde la clandestinidad se prepara para enfrentar a quienes pongan en peligro
el proceso revolucionario. "Necesitamos una rebelión popular dentro
de la revolución", dijo. Los motorizados y otros grupos radicales
abogan para que sea el pueblo directamente -y no los políticos del MVR-
el que decidan los destinos de la nación. El protagonismo de las organizaciones
de base y de grupos extremos de izquierda es uno de los mayores desafíos
que enfrenta Chávez. Los pobres se han tomado en serio la promesa que les
hizo el Presidente de una democracia de participación popular y durante
las pasadas elecciones regionales exigieron una mayor injerencia en la selección
de los aspirantes a cargos de elección popular. El
futuro Aunque
Estados Unidos ha ido endureciendo su posición frente a Venezuela, los
millonarios contratos petroleros con las multinacionales estadounidenses siguen
pesando a favor de una política de tolerancia. La Unión Europea
tampoco ha dado muestras contundentes de rechazar el autoritarismo de Chávez.
Por eso muchos piensan que si la revolución bolivariana tiene algún
freno, éste vendrá de adentro, de la masa chavista. Implosionará.
Posiblemente no sucederá mientras el precio del petróleo siga por
las nubes y el dinero siga fluyendo hacia los cerros de Caracas y de las demás
ciudades. ¿Pero qué pasará cuando baje? Hasta
ahora los únicos verdaderamente beneficiados por las políticas del
Presidente son los del estrato E, el más bajo, cuyos ingresos promedio
han pasado de 325.000 bolívares a entre 425.000 y 500.000 bolívares.
Todos los demás indicadores, pese al chorro de dinero que ha entrado al
país por la bonanza petrolera, han empeorado. Aunque la economía
creció un impresionante 18 por ciento el año pasado, es sólo
el equivalente de lo que había caído los dos años anteriores.
Además -según un análisis de Datanálisis- el crecimiento
está montado exclusivamente sobre el gasto público y no sobre la
inversión privada. La pobreza bajó hasta 2001, pero después
del paro se disparó y hasta hoy ha aumentado 10 puntos desde cuando Chávez
asumió el poder. Según el Instituto Nacional de Estadística,
en 1999 el índice de pobreza era de 42,8 por ciento. Ahora, según
el mismo INS, es de 53 por ciento. Lo mismo pasa con el desempleo: lo recibió
en 11 por ciento y según datos oficiales, está en 15 por ciento.
La devaluación acumulada del bolívar en los últimos seis
años es cercana al 300 por ciento y la inflación, la más
alta de Suramérica. Pero quizás el mayor problema es que -según
el último reporte de Datanálisis- "el gobierno central está
expandiendo el gasto más allá del límite". En 2004,
el gobierno gastó todos los meses -salvo uno- por encima de sus ingresos.
Ante
una eventual caída del precio del petróleo, el gobierno tendría
dos escenarios: una grave crisis fiscal o una revuelta social. Los pobres estarán
armados, pues ya han entrenado en Cuba a más de 15.000 reservistas, escogidos
dentro de los líderes de los barrios, y serán ellos quienes reciban
parte de los 100.000 fusiles comprados hace poco por el Presidente (ver recuadro).
En
este improbable escenario de la caída del petróleo, Chávez
tendría que profundizar su revolución no mediante los petrodólares
como ha hecho hasta ahora sino a través de la represión. Entonces
Venezuela se parecería, ahí sí, a Cuba. Y no sería
precisamente "ese mar de felicidad" hacia donde anticipó Chávez
que las "dos naciones nadarán juntas".
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