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Opinión de Lectores:
El
TLC y su Impacto Socioeconómico
Por: Ivanov Russi Urbano*
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Medellín
(Antioquia), Mayo de 2005
He sido siempre un firme creyente de la liberalización comercial
y de la integración, a todos los niveles, entre los pueblos.
Considero que la evidencia económica es irrebatible
en cuanto a los beneficios que se obtienen producto de la internacionalización.
Todos los países que tienen unas economías abiertas
a la inversión extranjera y un mayor volumen de comercio internacional
per capita (exportaciones per capita + importaciones per capita) logran
unos niveles de desarrollo humano, calidad de vida y crecimiento económico,
superiores a sus similares. Ahora, no por ello debemos creer que cualquier
tipo de liberalización, integración e internacionalización
es buena per se.
Tomemos el caso del actual TLC que se negocia entre los países
andinos y Estados Unidos. Un acuerdo de este tipo es benéfico
siempre y cuando en su conjunto –nunca sectorialmente- arroje un resultado
neto positivo, es decir, que al sumar todo lo bueno y restar
todo lo malo, se obtenga una utilidad para el país. Hasta el
momento de acuerdo a lo acordado en los textos de mesa de la negociación
el resultado neto que estamos obteniendo seria a mi parecer difícil
de esclarecer. Veamos primero cuales serian los efectos positivos
que obtendríamos con lo negociado hasta el momento y después
revisemos cuales serian los negativos, de forma que el lector pueda
hacer su propio balance y decidir si vamos teniendo perdidas o ganancias
en el TLC.
De un lado como efectos positivos del Tratado tendríamos: 1.
Un acceso sin aranceles a los Estados Unidos para casi el 100 por
ciento de la oferta industrial colombiana exportable -no solo
para la actual sino para la potencial que ha quedado con las puertas
abiertas en ese mercado- lo cual debe no solo mantener el
empleo actual en el sector sino generar nuevas plazas. (Aunque Alejandro
Gaviria del CEDE estima que el TLC reduciría el desempleo total
en escasos 0.3 puntos porcentuales). 2. La generación de estabilidad
jurídica para los inversionistas y el posicionamiento como
una plataforma de entrada a los EEUU para los empresarios de terceros
países, lo cual se debe traducir en mayor inversión
nacional y extranjera en la nación, aunque en un monto difícil
–imposible diría yo- de cuantificar con exactitud. (El CIDE
lo estima en un monto inferior a los 200 millones de dólares,
cifra a todas luces mínima) 3. El aporte de algunos puntos
porcentuales al crecimiento económico. La cifra también
permanece sin consenso. Mauricio Cárdenas de Fedesarrollo la
estima en 1.3 puntos porcentuales adicionales por efecto del TLC.
4. El crecimiento del volumen de comercio internacional del país,
tanto en exportaciones como en importaciones. El DNP calcula que las
exportaciones crecerían un 6.44 por ciento mientras que las
importaciones lo harían en un 11.92 por ciento (vale la pena
anotar que este crecimiento en las importaciones lejos de ser lesivo
es benéfico para el país dadas las características
de complementariedad económica entre las 2 naciones. Estas
son en su mayoría bienes de capital e insumos necesarios no
producidos nacionalmente). Sin embargo el CIDE estima que en 10 años
las exportaciones totales serán superiores a las importaciones
totales. 5. La mejora de la percepción internacional
que se tiene de Colombia en el exterior lo cual debe reducir en algo
el riesgo país y el costo de endeudarse en el exterior.
6. El acceso -en una proporción difícil de precisar-
de las empresas colombianas a las compras del sector público
estadounidense. 7. El fortalecimiento de los controles a la biopiratería,
lo cual debe mejorar la protección de nuestra biodiversidad
y demás conocimientos tradicionales. 8. El acceso a capacitación,
asistencia técnica y transferencia de tecnológica, en
unos cuantos ámbitos, en el marco de los proyectos de cooperación
internacional pactados en el TLC (esto debe hacer a las empresas beneficiadas
mas competitivas y productivas) 9. Y finalmente, el facilitar
en alguna medida el acceso de algunos de nuestros profesionales a
los Estados Unidos con el fin de prestar servicios.
Vistos
los impactos positivos, pasemos ahora a los negativos. Entre ellos
encontramos: 1. El ingreso de algunos bienes industriales
norteamericanos a nuestro mercado frente a los cuales tendríamos
una competitividad nula (aunque vale la pena aclarar que
existe un alto grado de complementariedad entre los 2 países
y por ello me atrevería a decir que no mas de un 3 o un 4 por
ciento de la estructura productiva nacional sufriría de este
problema) 2. El acceso de las empresas norteamericanas a las
compras de nuestro sector público. En este punto soy
particularmente negativo debido a que las empresas de EEUU son mucho
mayores a las colombianas y son capaces de generar grandes economías
de escala, por lo cual, en una licitación abierta, difícilmente
se les podría competir en precio y en muchos casos en calidad.
3. El eventualmente someternos a fuertes sanciones económicas
y comerciales por incumplir la legislación laboral y generar
dumping social. (En lo personal no considero este punto negativo ya
que va a forzar a las empresas del país a respetar los derechos
de sindicalización y los derechos humanos y laborales en general).
4. La posibilidad de comprar varios tipos de seguros a compañías
norteamericanas se puede convertir en un problema para las instituciones
financieras y compañías del sector y en un factor de
inestabilidad para el país. En este tema han expresado sus
reservas personas como Juan Camilo Ochoa de Suramericana y recientemente
el ex presidente Ernesto Samper en la Comisión Asesora de Relaciones
Exteriores. 5. El endurecimiento de las normas de propiedad
intelectual sin duda representaran el mayor costo económico
en este Tratado. En un reciente estudio de la OPS –descalificado
por el Gobierno Nacional- se estimo en 400 millones de dólares
el costo económico de prolongar la protección de las
patentes en solo el sector farmacéutico. Además, se
estimo que el aumentar el espectro de patentabilidad generaría
un costo para la población de 1200 millones de dólares.
A todo eso tendríamos que sumarle el costo de la prolongación
de la protección de las patentes, derechos de autor y similares,
en los otros sectores productivos. La cifra, si bien es muy difícil
de cuantificar, no debe generarnos dudas sobre el alto impacto que
tendrá en la población colombiana. 6. En el tema de
las telecomunicaciones, Eduardo Pizano, como vocero de las compañías
del sector, ha expresado múltiples reservas en temas como el
uso de las redes por parte de privados, el tráfico
de llamadas internacionales y la prestación transfronteriza
del servicio, entre otros, los cuales pueden conllevar problemas para
compañías como EPM, ETB y Telecom, de las cuales los
colombianos somos dueños y posibles damnificados.
7. Finalmente, por el lado de los ingresos tributarios aún
no se tiene claridad sobre que podría suceder. El DNP estima
que con la disminución de los aranceles el fisco nacional tendría
una pérdida de 600 millones de dólares lo cual parecería
a todas luces negativo dada la actual situación de déficit
fiscal, pero el CIDE estima que lo que se perdería por concepto
arancelario se recuperaría vía IVA e impuesto de renta
–sin necesidad de aumentar la tasa impositiva- como producto de un
mayor dinamismo en la economía, un creciente intercambio comercial
y unas mayores tasas de crecimiento.
Como
se puede observar el tema es vasto y complejo y por ello es difícil
hacer apreciaciones acertadas. En lo personal considero que
en el balance neto estamos obteniendo una mínima ganancia,
muy lejos de la que se esperaba al iniciar este proceso.
Sin embargo aún tenemos tiempo de inclinar aún más
la balanza a nuestro favor alcanzando objetivos como la homologación
de nuestros títulos en los Estados Unidos, el pactar normas
de origen aún más flexibles para nuestros exportadores,
el ampliar el monto total del fondo de capital de riesgo que se va
a crear, y –tal vez la mas importante de todas- la creación
de un comité bilateral permanente con carácter decisorio
que brinde un acceso real a nuestras exportaciones agrícolas
(en esta materia aun no conseguimos nada, pero tampoco hemos cedido
un centímetro), de forma que podamos explotar intensivamente
nuestras ventajas comparativas –los recursos naturales- y crear ventajas
competitivas sostenibles en el tiempo, que irriguen empleo y riqueza
en toda la nación.
ivanovrussi@hotmail.com
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Ex funcionario de la Gerencia de Acuerdos Comerciales de Antioquia.
Ponente en varios seminarios acerca del TLC. Autor del libro "El
Pasado, el Presente y el Futuro vistos por Apolinar Díaz Callejas".
Ha publicado varios artículos en los periódicos y revistas
como: El Espectador; El Siglo de Panamá; El Heraldo; El Universal
y El Catolicismo, entre otros. Además, ha sido tema de varias
columnas y artículos en: El Tiempo; El Siglo de Panamá;
Portafolio; El Heraldo; El Universal; El Tabloide de Tuluá
y El Periódico de Buga
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